Los pensamientos puros, aquellos que no se han dejado contaminar por los ajenos, nos precipitan directamente en el pensamiento único. Es una de esas ocasiones en las que la contaminación es buena.

No me gusta la pureza, es madre de la intransigencia, el fanatismo y el sectarismo e implica, en la mayoría de los casos, rigidez y obstinación.

De momento me dispongo a recopilar por aquí elementos contaminantes, luego ya veremos cómo camina esto.