Una de abuela cebolleta.


Una de abuela cebolleta.
Andaba mi querido Alorza recibiendo propuestas para proponer actividades desde la APA al centro de sus criaturas, deliciosas, por cierto. Y al hilo de la conversa que íbamos teniendo en la lista, me solté esa melena que no tengo para remontarme a cuando el mar Muerto estaba enfermo. Me pide Alorza que lo comparta y yo, haciendo caso a un hombre, pero ¡sin que sirva de precedente! se lo traigo hasta aquí.

Cuando en 1984 (¡hace ya 25 años)! el Gobierno Vasco, en virtud de un proyecto de «E.A.O.» (enseñanza asistida por ordenador) nos instaló los primeros 10 PC’s de toda la Comunidad Autónoma en un centro de EGB, para llevar adelante el proyecto perpetrado, nos basábamos en una premisa que intentaba revolucionar el mundo de la educación: «El error como fuente de conocimiento«, haciendo bueno aquello de que: no es caro equivocarse en informática, simplemente la maquinita no obedece, y no se le puede echar la culpa si no responde, eres tú quien se ha confundido dando una orden no correcta. Busca el error y aprende.

Esto que a simple vista parece una obviedad no lo era tanto, porque estábamos en un sistema educativo transmisivo, acumulador de contenidos, donde la chavalería en 8º de EGB pasaba una especie de trauma-reválida de si valía o no valía para estudiar bachiller o le mandaban a FP… etc. Por ello, los errores eran castigados con suspensos, con «ceros patateros» y era tan así que se tenía montado todo un sistema de recuperaciones. ¿Recuerdan ustedes?

Había que cumplir unos objetivos de acumulación de contenidos que no dejaban tiempo para mariconadas (claro que dejaban, pero no todo el mundo estaba por la labor). Había que terminar el temario sí o sí.

No existía Internet, ni Windows y aún se discutía sobre el sistema operativo idóneo. Y eran 10 ordenadores para grupos de 40 chavalas en clase (en 6º, 7º y 8º aún eran aulas de niñas) y tocaban a 4 por ordenador, y había que trabajar el magín para tener a todo el mundo ocupado. Y además quitaban tiempo para «lo verdaderamente importante» (las mates, la lengua, etc., y el resto del claustro no lo veía claro, que estuviéramos jugando «con esas maquinitas»). Y lo hacíamos, vaya si lo hacíamos. Porque, antes de sentarte al ordenador, tienes que hacer un trabajo intelectual previo muy interesante, porque las habilidades intelectuales no solamente se adquieren en el ordenador. Desarrollamos juegos de preinformática, donde, jugando, aprendían a contar en sistema binario, o donde un grupo enviaba mensajes cifrados en hexadecimal y/o en ASCII y el otro grupo los descifraba, y les ayudaban a ir sentando las bases de ciertas destrezas en un entorno no formal.

Y los ordenadores no son un fin, no lo olvidemos, sino un medio para desarrollar las habilidades intelectuales y facilitar tareas y ampliar horizontes, etc. Y no hacen falta habilidades intelectuales especiales para trabajar con los ordenadores, aunque sí vienen bien algunas destrezas como la de saber escribir a máquina sin mirar el teclado. Y para aprender una competencia —léase programar—, hace falta tener entrenado el sentido de la lógica, saber identificar la estructura formal de los procesos, ya sea el de lavarse las manos antes de comer o el de ordenar el cuarto; ser capaz de analizar los flujos de los acontecimientos (ya sea montando una gincana o cocinando una menestra de cordero), etc.

Y todas esas habilidades y competencias se pueden trabajar con los ordenadores o sin ellos, solamente que los ordenadores facilitan mucho más el sistema de aprendizaje por ensayo y error y aportan muchísimas herramientas muchísimo más eficaces que en otros entornos. No debemos olvidar el carácter instrumental que tienen, su papel de «medio para», no de «fin».

Indudablemente, se pueden preparar actividades específicamente dirigidas a trabajar, por ejemplo, la capacidad de elaborar esquemas, pero parece más adecuado realizar este trabajo en el propio transcurso de las materias a impartir. Es cierto que el proceso es más lento si se transmiten unos conocimientos, trabajando a la vez destrezas intelectuales, pero debería ser la única forma, porque estas habilidades intelectuales no se «imparten» como si se tratase de contenidos a aprender.

Y, de acuerdo con el artesano Julen, en que habría que revisar la metodología, la organización de la clase, el estilo de relación, la utilización de los recursos, etc., eso que llamábamos «currículum oculto», que ahora no sé cómo se llamará. Porque no es lo mismo que yo les eche unas diapositivas en clase, a que sean ellos por grupos quienes tengan que seleccionar, preparar y exponer un tema usando las diapositivas. Porque un cambio sin más de los contenidos a trabajar, no supone un cambio importante en la enseñanza, lo que sí trasciende es un cambio en la metodología y una metodología activa y de investigación exige contar con el mayor número de recursos posible.

El objetivo de implementar ordenadores en primaria no debería ser el de perseguir pequeños especialistas en informática, ni pequeños programadores, sino en ayudarles a abrir horizontes desarrollando líneas de investigación activa: relaciones, analizar, sintetizar, elaborar hipótesis, hacerse preguntas interesantes, buscar información relevante, sacar y expresar conclusiones, etc. siempre en el nivel que permitan las capacidades de pensamiento formal de cada edad. Porque la capacidad de abstracción no es algo que se «adquiere» de un día para otro, sino un crecimiento intelectual progresivo.

Y, al grano, hay muchísimos frentes donde las asociaciones de padres pueden ayudar a la tarea docente, porque, lo que se trabaje en este entorno menos formal, debería escogerse en función del desarrollo de personas equilibradas, sin hacer énfasis únicamente en la dimensión intelectual (tarea destinada principalmente al centro docente), sino que ayuden a reforzar las otras cuatro puntas de su estrella: la dimensión ética, la dimensión social, la dimensión afectiva y la dimensión física de esas personitas que están aprendiendo a ser personas. Y para esto hay juegos de ordenador que se han mostrado tremendamente eficaces.

Les parecerá una estupidez, pero aprender a cocinar, por ejemplo, es una muy buena forma de aprender a programar. Digo.

Recuerdo que, como eran tres años trabajando con los ordenadores, establecimos una programación progresiva que nos permitía:
– En 6º de EGB coger los rudimentos del uso del ordenador, aprender a escribir a máquina sin mirar el teclado; juegos de refuerzos del tipo memoria retentiva, rapidez de cálculo, etc.; y una base del tratamiento d etextos (jajaja ¡el primero se llamaba Telewrite! aún no había salido Writing Assistant, el de IBM, que permitía generar ficheros de texto de ¡hasta 32 páginas!). Y aprendíamos LOGO
– En 7º aplicábamos los conocimientos adquiridos en las demás materias y usábamos las herramientas informáticas para profundizar, por ejemplo, usábamos la hoja de cálculo para realizar pirámides de edad, que era lo que estábamos trabajando en Sociales; usábamos también la base de estadística que aprendían en Mates para hacer algunos trabajos con la hoja de cálculo; ordenábamos las Rimas y Leyendas de Bécquer para adquirir destrezas en el manejo del Writing, etc. Y aprendíamos LOGO, básicamente aplicándolo a la geometría
– En 8.º hacíamos el censo del colegio, metíamos los datos de todo el alumnado en dBase II, y terminábamos el curso con un proyecto en LOGO, usando la recursividad y la modularidad, realizado de principio a fin.

LOGO era un lenguaje de programación modular y recursivo que permitía desarrollar destrezas en la resolución de problemas a base de dividir un gran problema en pequeños problemas para ir ensamblando después los módulos. Recuerdo que terminábamos en 8º realizando pequeños programillas de acceso aleatorio a TABLAS y no sé si lo pasábamos mejor perpetrándolos o realizándolos después. Los dos proyectos estrella eran: un diálogo entre una cajera y un cliente en un supermercado y una confesión en un confesionario. Se tecleaba el pecado y LOGO buscaba aleatoriamente en otra tabla y tomaba una de las posibles respuestas que previamente habíamos definido, del tipo: «He matado a mi padre»–>> respuesta «No te preocupes, hijo, eso pasa a menudo»; «He robado chocolate»–>> respuesta «Reza tres avemarías y un gloria» jajaja.

¡Ay, qué tiempos! Sip, lo de LOGO y Horacio Reggini fueron un hito. Y un mito. Y un pito, porque ni diox lo conoce ahora. Eso creo.

Eso sí, el próximo 16 de septiembre nos beneficiaremos a mi txipirón de cabecera que ha tenido la osadía de ofrecerse para des-asnarnos a las y los aprendices nada menos que en SScratch

Y sip, veo que estas chapas postvacacionales no despiertan pasiones, pero las pongo igualmente, porque así sé dónde las he guardado.…por ordenar la cabeza, básicamente.

Salud, cultura, anarquía y cambios en el mundo perpetren ustedes.

Eso. He dicho y me he quedado tan pitxi.

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