Proyecto de la Nueva Bilbao


Proyecto de la Nueva Bilbao.

La Ley de Costas de finales del XIX decía que las tierras a las que en alguna ocasión han invadido las mareas, son propiedad del Estado, la Ley de Saneamiento de Marismas decía que las tierras ganadas al mar son propiedad de quien sanea las marismas.

Una vez conseguidas aguas aquietadas en El Abra, por haberse finalizado las obras del puerto exterior y superado definitivamente los problemas de la barra de arenas movedizas en la embocadura,  llovieron proyectos para saneamiento de las marimas.

Este proyecto los saqué a la luz en mi tesis doctoral («El puerto de Bilbao como reflejo del desarrollo industrial en Vizcaya 1857-1913» que me publicó el puerto de Bilbao en 1993) Con motivo de la exposición que estoy montando para el Museo Marítimo del «Bakailao. La sugestión de los sentidos», os traigo aquí este proyecto que no se realizó, y se presentó en 1901 (1) tomado de artículo de la revista Blanco y Negro, publicado el 8 de marzo de 1902

Una gran ciudad en proyecto. Bilbao La Nueva.

Sin empacho alguno hubiéramos encabezado este artículo con el título de Las grandes ciudades que solemos usar para hablar de Pekín o de Buenos Aires, de Nueva York o de Florencia.

En efecto, si el lector se fija en los grabados que ilustran estas páginas, se inclinará por un momento a creer que aquellas representan vistas de alguna gran ciudad de esas que los norteamericanos hacen brotar a fuerza de millones y de entusiasmo en parajes poco habituales.

Si decimos que esa ciudad se alza o ha de alzarse en tierra española, dudará el lector no poco; pero cuando añadimos que tal ciudad es Bilbao la nueva, la futura Bilbao, gran parte de sus dudas se desvanecerán en breve, porque España tiene fe en Bilbao, en la tenacidad, en la osadía y en el espíritu emprendedor de los bilbaínos, en el valer de aquel pueblo que sabe convertir su heroísmo bélico en esfuerzo industrial cuando el caso llega.

Nadie ignora que en los últimos treinta años el número de los habitantes de Bilbao se ha cuadruplicado. Ya en 1870 era plaza comercial de las más respetables; pero entonces fue cuando comenzó la explotación en grande escala de aquellas riquísimas minas de hierro, que han convertido a Bilbao en un verdadero emporio de riqueza.

Los habitantes de Bilbao no caben ya en las casas de la población vieja, en las construidas en el ensanche, ni siquiera en los suburbios de la invicta villa. Insuficiente resulta asimismo la red de ferrocarriles y tranvías que unen a la capital con los pueblos inmediatos.

Construido el puerto en la desembocadura del Nervión, y atrayendo ya hacia sí todo el movimiento de la actividad mercantil e industrial, se ha hecho patente la necesidad de emplazar el mismo puerto una población marítimo-comercial con vida propia y comunicaciones directas que la unan a toda Vizcaya y al resto de España.

Aspírase nada menos que a hacer del puerto bilbaíno el lazo que una el comercio de toda España con el del mundo entero por la vía marítima, y si tal aspiración se apodera enérgicamente del alma testaruda de los  bilbaínos, claro es que habrá de realizarse pronto.

Pocos españoles acomodados desconocen los cuatro pueblecitos que en semicírculo rodean al puerto. ¿Quién no ha recalado en excursión veraniega por Algorta y Las Arenas, Portugalete y Santurce?

Entre estos dos últimos pueblos, donde nadie había pensado que podría hacer la humanidad otra cosa que remojarse la piel en el mes de agosto y prepararse para asistir a las corridas de toros, famosas por su rumbo y tronío, es donde se trata de levantar la nueva ciudad. Hay allí unas marismas rocosas que, defendidas por baluartes y malecones, y terraplenadas convenientemente, llegarán a formar una extensísima superficie de terreno bien nivelada y plana, sobre la cual los bilbaínos piensan que caigan llovidas las enormes manzanas de casas de la nueva ciudad.

Así como la vida de la vieja Bilbao se concentro en la Ría o sea el puerto interior, donde no pueden atracar buques de gran calado, la vida de Bilbao la Nueva se concentrará en el puerto exterior, que puede albergar las escuadras más poderosas y formidables.

La forma de la ciudad, según acusa el plano que reproducimos, será aproximadamente la de un inmenso bacalao, simbolismo verdaderamente apetitoso, pues se trata de un bacalao a la vizcaína, cuya cola mirará a Portugalete y la parte ancha al puerto. Esta parte ancha la ocuparán edificios que se han de ceder al Estado para que en ellos establezcan la capitanía de puerto, aduana y demás oficinas y servicios administrativos. El centro de ella formará una gran plaza circular de cien metros de diámetro, bautizada ya antes de nacer con el título de Plaza de Vasconia y en medio de esta se alzará un monumento cuyo asunto aún no se ha pensado, pero que bien pudiera representar el heroísmo del pueblo bilbaíno en los dos Sitios.

Delante de la plaza y mirando al mar, se construirá un palacio para casino, balneario, teatro y todo lo demás que se tercie, coronado por una cúpula de 50 metros de alta, que ya son metros.

Saliendo de la plaza hacia la Villa se encontrará como la espina dorsal del bacalao en cuestión, una grandiosa calle central, la Avenida de Vizcaya, de 700 metros de larga por 30 de ancha, eje de la ciudad en proyecto; y las dos líneas exteriores del plano las formarán: la Avenida de Álava, por la parte de tierra y la Avenida de Guipúzcoa por el lado de la Ría, y del puerto, ambas de 780 metros de longitud por 20 de anchas.

Cortarán estas tres líneas nueve calles transversales, cuyos nombres aún no se han decidido.

La edificación habrá de hacerse con la más absoluta simetría, obedeciendo todas las casas al mismo plan arquitectónico y monumental, y de su futuro aspecto puede juzgarse por nuestros grabados. Todo será amplio, lujoso, limpio y hasta se asegura que se elaborarán unas Ordenanzas municipales “ad hoc”, y que serán cumplidas, si bien esto último nos parecería ya infinitamente más maravilloso que la ciudad nueva.

Por último, para que se vea hasta qué punto llega la previsión de los proyectistas bilbaínos, los habitantes de la nueva ciudad desecharán por inútiles el impermeable y el paraguas que constituyen parte integrante de todo bilbaíno. La nueva Bilbao tendrá porches o soportales en todas sus calles, y así podrán librarse sus vecinos del terrible martirio del “sirimiri” o chaparrón crónico de que en la rica ciudad se disfruta un día sí y al otro también… hasta que los bilbaínos, a fuerza de dinero y audacia, acaben por expulsar a las nubes y suprimir el “sirimiri”.

Que todo podría ser.

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(1) Carlos Petrement y Laurin, el 1 de julio de 1901, estando próximas a terminar las obras del rompeolas, solicitó permiso para desecar la marisma rocosa formada en la costa Oeste del Abra, de fácil saneamiento y buena urbanización, y aprovechando todo el espacio comprendido entre la costa de Portugalete y Santurce y el muelle de hierro, urbanizarla y construir una extensa población que uniera ambas villas, a lo que se opuso la JOPB (Junta de Obras del Puerto de Bilbao). El Puerto de Bilbao como reflejo del desarrollo industrial de Vizcaya (1857-1913) Natividad de la Puerta Rueda. Autoridad Portuaria de Bilbao, 1994. Pag, 94

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